A los lugareños del pueblo de Nigüelas, a los pies del Parque Nacional de Sierra Nevada, se les conoce como "Los Lentos".

"Sí, es cierto" dice Mercedes Jiménez, "puede que hagamos las cosas despacio… pero es porque las hacemos bien!"
Ocho años de trabajo, minucioso y artesanal, han pasado desde que Mercedes y su esposo Paco emprendieron el sueño de salvar este antiguo molino del siglo XVI para transformarlo en uno de los más encantadores hoteles rurales de Andalucía. Los añejos establos y almacenes se convirtieron en idílicas suites y la Alquería cobró nueva vida, no sólo para los huéspedes como un retiro soñado en el campo granadino, sino también como lugar de historia viva: un molino tradicional, que conserva intacta su memoria.
Desde el espectacular pico a espaldas de la Alquería, por las antiguas acequias moriscas bajan las aguas rumorosas. Corren al lado de la antigua alberca - hoy reencarnada en piscina - a la sombra de membrillos, almendros y olivos, entre macetas de geranios y brillantes buganvillas. Bajo el viejo molino traen las aguas frescor en verano, y lo envuelven en encanto, murmullos serenos y aroma de jazmines.



La vida de esta región, variada y deslumbrante, fluye por la Alquería de los Lentos y desde aquí es sencillo vivirla plenamente. Al alcance de la mano - unos veinte minutos - entre carreteras sinuosas, bordeadas de cactus e higueras, quedan los pueblos de las Alpujarras. A primera vista parecieran parches de nieve, tendidos a la sombra de las montañas o sobre barrancos increíbles. Sus túneles y pasadizos encalados, sus callejuelas empedradas, sus terrazas cultivadas conservan una semejanza evidente con sus "pueblos hermanos" de las montañas del Rif de Marruecos.
En el "Triángulo de Oro" de las mágicas ciudades de Al-Andalus, la Alquería está a solo quince minutos de Granada - con el embrujo de la Alhambra, el Generalife, el Albayzín… - y desde ella también puede acercarse a Córdoba e incluso, a mayor distancia, a Sevilla.

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